miércoles, 26 de septiembre de 2018

El mandador y el chingo negro

La leyenda del mandador y el chingo negro

La leyenda del mandador y el chingo negroDicen que hace muchísimos años, en uno haciendo de Guanacaste. Costa Rica, había un mandador que no creía en nada. Un Viernes Santo llamó o los sabaneros paro ir a recoger un ganado. Como ellos le tenían gran respeto o la Semana Santa le hicieron ver que no ero correcto trabajar en un día tan sagrado. Le dijeron que si él daba la orden, él sería el responsable de lo que sucediera.
Ya habían recogido el ganado cuando vieron a lo lejos un toro negro y chingo que nadie había visto antes. El mandador dijo que él personalmente lo iba o traer. Los sabaneros le rogaron que no fuera. Que aquel animal no era cosa buena. Pero él, tratándolos de cobardes, se fue detrás del toro. Al caer la tarde aún no había regresado. Los hombres volvieron o la hacienda esperando verlo aparecer al día siguiente. Pero el mandador nunca regresó. En opinión de aquellos sabaneros, el diablo, en forma de chingo negro, se lo había llevado para siempre.
La gente de aquella zona asegura que de vez en cuando se oye al mandador persiguiendo al toro chingo que nunca logró alcanzar. Dicen que el Viernes Santo, como o las 3 de Ta ‘arde, se ven pasar dos sombras que se adentran en la montaña. Y que se escucha el grito de un sabanero que corre ganado y el mugido de un toro.

El origen del maíz

El origen del maíz

Resultado de imagen para maizHubo una época en la que se padeció una sequía tan grande que los ríos se secaron, muriendo los peces por asfixia y las aves por la sed; y llegó la tan temida hambre.
Los indios rogaban a Tupa que trajera la lluvia, pero el sol seguía abrasando la tierra. Dos guerreros, Avatí y Ne, conmovidos por el llanto de los niños entraron en acción. Un mago les aconsejó que no se olvidasen de que la intervención de Tupa era imprescindible y que él estaba en la tierra buscando a un hombre que quisiera dar su vida por los demás, para que de su cuerpo surgiera la planta que les diera de comer a todos, incluso en tiempo de sequía.
Los dos guerreros convinieron que uno de ellos debía de quedar vivo para buscar un sitio donde enterrar a su amigo, para que de su cuerpo naciera la planta y así obtener la vida eterna por su sacrificio. Los dos amigos buscaron y encontraron el lugar y el elegido para el sacrificio, fue Avatí. Así, Ne cavó la tierra y llorando lo enterró. Todos los días visitaba la tumba, regaba la tierra con la poca agua que llevaba el río. Las palabras de Tupa se cumplieron. De la tierra brotó una planta desconocida que creció, floreció y dio sus primeros frutos. Né llevó a su gente a conocer la planta y les explicó lo ocurrido. Entre todos ellos se encontraba el mago para confirmar la historia aconsejándoles sembrar y cuidar los cultivos en honor a Avatí. También les prometió que Tupa mandaría llu­via para que nunca más volviese a haber hambre en este pueblo.